La caja de arena: trauma y resiliencia.

¿En qué consiste la técnica de la caja de arena?

La Caja de Arena es una técnica que permite al paciente simbolizar contenidos verbales a través de la creación de escenas, permitiéndole poner en imágenes aquello que no puede poner con la palabra. A partir de ahí, la caja te permite tomar distancia emocional de esa situación y desde ahí, poder ir accediendo a la palabra. Es una técnica proyectiva en la que se facilita la exploración de estados internos y la expresión y comprensión de los estados emocionales.

La caja de arena y el trauma

Los pacientes que presentan trauma complejo suelen encontrarse posteriormente con dificultades para su regulación emocional. Además, presentan patrones de vinculación inseguros con los otros, mostrando rasgos evitativos, ansioso-resistentes o desorganizados. Por ello, la integración de los contenidos traumáticos deberá llevarse a cabo en fases avanzadas de la terapia, cuando el paciente presente niveles óptimos de regulación emocional, haya desarrollado un sentido de lo que ocurre y manifiesta una integración cerebral que le permita procesar los contenidos traumáticos. De ahí que la caja de arena sea una herramienta con la que poder acceder al trauma de una forma menos violenta para la persona, pero enmarcada dentro de un proceso terapéutico.

Resiliencia

Esta técnica funciona como un medio de acceso al interior y de expresión seguro, para trabajar conflictos, miedos y fortalezas. Algunos autores consideran que las miniaturas son la palabra y la caja, la gramática. Al igual que en la caja se pueden observar indicadores de sintomatología, culpa, vivencias violentas, etc. Igualmente, es un espacio en el que podemos encontrar elementos resilientes, a través de aquellos símbolos que sugieren puntos fuertes, generando seguridad y protección.

¿Para quién va dirigida la caja de arena?

La caja de arena es una técnica adecuada para trabajar el trauma, además puede ser una herramienta que facilite la comunicación en personas con dificultad en la verbalización, trastornos de conducta, duelo, adicciones, trastornos psicosomáticos, dolor crónico, TCA. También está comenzando a introducirse su aplicación en contextos escolares, en la intervención con niños con déficits en el desarrollo del lenguaje, déficits de atención, hiperactividad, entre otros.

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