A menudo, los niños juegan mientras comen. Esto se traduce en ocasiones en salir corriendo tras él con la comida en la mano, se manche, se caiga o se desordene el entorno de la comida. Sin embargo, no se trata de niños que no quieran comer. Puede ser que se distraigan y prefieran jugar en ese momento a comer.
Rutinas útiles que pueden hacer que el niño esté sentado:
- Antes de nada, hay que tener en cuenta que los cambios son lentos. ¡Hay que ser sistemáticos y pacientes!
- No dar de comer entre comidas.
- Comer en un lugar fijo y que cada miembro familiar tenga su sitio.
- Si es posible, comer en familia y todos sentados. En caso de que el niño coma solo es preferible que el adulto que lo ayude esté sentado para que sirva de modelo.
- Anticipar las conductas que él pueda demandar: ir al baño antes, lavarse las manos…
- Antes de empezar, recordar las normas básicas.
- Reforzar positivamente cada vez que esté sentado.
- No hacer caso cuando se levante, no decirle nada.
- Sacarle el plato de comida cuando todos hayan acabado y se considere que la hora de comer ha finalizado.
- Entre plato y plato, si se muestra inquieto, hagámoslo participe en la actividad: que traiga y ponga el siguiente plato o cubiertos, que vaya en busca de agua, que traiga el postre etc… siempre acompañado por un adulto, lo que hará que no se distraiga por el camino con otra actividad.
A veces, estas situaciones generan tensión, pues en ocasiones hay sensación de falta de control por el fracaso en algunas pautas o sensación de estar perdidos porque, a pesar de los esfuerzos, el problema no mejora o no se soluciona.
Cuando la situación se instala en el tiempo y ocasiona problemas en el clima familiar el especialista indicado, en este caso el/la psicólogo/a infantil, puede asesorar, intervenir y acompañar en los procesos de cambio tanto a los niños como a los padres para gestionar los posibles conflictos u otras problemáticas habituales.