El autismo es un tipo de Trastorno Generalizado del Desarrollo o Trastorno del espectro autista.
Se caracteriza por retrasos y alteraciones cualitativas en el desarrollo de las áreas sociales, de comunicación (lenguaje) y frecuentemente cognitivas. Además se acompaña de un repertorio de conductas que son repetitivas y estereotipadas, junto con unos intereses y actividades restrictivas y particulares.
El autismo aparece típicamente durante los tres primeros años de vida y es fundamental para su evolución un precoz diagnóstico. Esto ocurre en aproximadamente 15 de cada 10.000 nacimientos. Es cuatro veces más frecuente en niños que en niñas.
En el autismo, el niño puede ser muy sensible a cualquier estímulos (por ejemplo, a llevar determinada ropa porque le molesta en la piel), enfadarse mucho cuando hay un cambio en su rutina, repetir movimientos corporales de forma incesante, ser incapaz de iniciar o mantener una conversación, usar gestos en lugar de palabras o incluso no desarrollar ningún tipo de lenguaje.
Puede no ajustar la mirada para observar objetos que otros están mirando, hablar de él en tercera persona (“quiere agua” en lugar de “quiero agua”), no participa en juegos con otros niños, no responde a las sonrisas de los demás y evita el contacto visual, trata a las personas como objetos, prefiere estar solo, no se sobresalta ante ruidos fuertes, sin embargo, ruidos normales (por ejemplo, el ruido del secador de pelo) le pueden parecer incluso dolorosos, el contacto físico le puede resultar abrumador, explora objetos con la boca, no imita acciones de otros, no realiza juego simbólico o imaginativo, sino que más bien su juego es ritualista y solitario, puede interesarse por un solo tema, su periodo de atención es breve, es hiperactivo o demasiado pasivo, puede presentar agresividad hacia él mismo o hacia otras personas, entre otra sintomatología.
Para realizar el diagnóstico de autismo, el psiquiatra infantil tiene en cuenta una diversa variedad de criterios, tales como la delimitación de las capacidades del niño, cuáles son sus área fuertes y débiles, define sus conductas, considera posibles deficiencias visuales y auditivas, etc. El psiquiatra lleva a cabo también la recogida de la historia de desarrollo del niño, historia clínica de los padres y exámenes médicos si son necesarios.
Para definir factores cognitivos, habilidades verbales y logros académicos, que contribuyan al diagnóstico, puede solicitar una evaluación psicológica a un psicólogo infantil. Dado de que se trata de un Transtorno Generalizado del Desarrollo o Transtorno del espectro autista, es completamente necesario que se ponga en manos de un Neurólogo cercano que pueda darle soporte durante toda la vida del paciente..
Aunque el autismo infantil no tiene cura hoy día, los tratamientos farmacológicos que pauta el psiquiatra infantil, ayudan a mejorar sus síntomas. Y siempre es necesario el asesoramiento y orientación a los padres.
El tratamiento psicológico para estos niños y sus familias es siempre individualizado y llevado a cabo por un psicólogo clínico, con programas de tratamiento que incluyan a los padres para capacitarlos y apoyarlos enseñándoles técnicas de manejo de conducta en casa.
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