La depresión es un trastorno del estado de ánimo. Puede aparecer en niños, adolescentes y adultos. Es un trastorno que repercute negativamente a nivel personal (sufrimiento psicológico, malestar físico), familiar (deterioro en las relaciones padres-hijo), escolar (descenso importante del rendimiento escolar) y/o social (aislamiento).
La prevalencia de la depresión en la infancia se sitúa en torno al 2% y durante la adolescencia aumenta progresivamente hasta alcanzar índices próximos a los de la edad adulta. En las últimas décadas, se ha observado además un incremento de la depresión infantil y adolescente, así como un descenso en la edad de inicio.
Antes de la pubertad afecta por igual a niños que a niñas, y a partir de la adolescencia es dos veces más frecuente en chicas que en chicos.
La depresión en la infancia se caracteriza por un ánimo irritable, rabietas frecuentes, agresividad ocasional, tristeza o episodios de llanto frecuentes. Aparece un menor interés por hacer actividades que antes le apetecían o para divertirse en actividades que previamente le gustaban. Quejas frecuentes de estar aburrido o cansado. Tendencia al aislamiento social o falta de comunicación. Autoestima baja, elevada sensibilidad al rechazo o a poder ser criticado. Quejas de dolores físicos que no se explican por causa médica (dolor de cabeza o de estómago, mareos, nauseas). También pueden aparecer problemas de concentración, cambios en el apetito y en el sueño, disminución del rendimiento escolar, etc.
La depresión en la infancia y adolescencia es un trastorno complejo, que incluye alteraciones cognitivas, psicofisiológicas y motoras, que varían según cada caso. Para realizar el diagnóstico en ocasiones se utilizan escalas de evaluación, que rellena el profesional, los padres o el niño. No obstante, con la recogida de la historia clínica durante la entrevista a familiares y al niño o niña, puede ser suficiente para diagnosticar, siendo la herramienta más útil.
La depresión infantil es una enfermedad que puede requerir tratamiento con fármacos y/o tratamiento psicológico.
El psiquiatra infantil utiliza medicación antidepresiva para mejorar el ánimo del niño o adolescente con depresión y que disminuya su irritabilidad. De este modo mejoran sus relaciones familiares y sociales, y puede concentrarse mejor en el ámbito académico. Para ello se puede pautar fármacos como fluoxetina o sertralina, entre otros. Así como uso ocasional de ansiolíticos si fuera preciso.
El psicólogo clínico infantil aplica programas de tratamiento de amplio espectro que incluyen técnicas como actividades agradables, entrenamiento en relajación, habilidades sociales, reestructuración cognitiva, resolución de problemas, entrenamiento en autocontrol, entre otras.
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