El miedo, lejos de lo que nos pudiera parecer, no es una emoción negativa. Es una emoción adaptativa, que nos ayuda a protegernos de posibles amenazas y a mantenernos a salvo. Sí, puede ser desagradable experimentarla, pero no seguiríamos vivos si el miedo no nos hubiera enseñado a tener cuidado en determinadas ocasiones.
Y si el miedo es una emoción necesaria, ¿por qué nos da tantos problemas?
El miedo se convierte en un problema cuando no sabemos relacionarnos adecuadamente con él. Es entonces cuando pasamos de tener miedo a sufrir por él. Por ello, vamos a ver a continuación algunos consejos para mejorar nuestra relación con esta curiosa emoción.
¿Qué podemos hacer con el miedo?
- Aceptarlo. Cuando no aceptamos el miedo que tenemos, sufrimos por el hecho de tenerlo. Y entonces lo que era una simple emoción se convierte en un complejo sufrimiento.
- Experimentarlo. Cuando nuestro cuerpo genera una emoción, lo hace para ayudarnos a adaptarnos a nuestro entorno. Esa es la finalidad de las emociones. Es por ello que cuando intentamos no sentir las emociones que sentimos, nuestro cuerpo intenta generarlas con más fuerza. Pero si por el contrario nos decidimos a experimentarlas con aceptación y tolerancia, la emoción disminuye.
- Conversar con él. También resulta muy útil entender por qué nuestro cuerpo está generando ese miedo. De modo que podemos detenernos a investigar al respecto. ¿Por qué siento miedo? ¿Es adaptativo defenderme de aquello por lo que estoy sintiendo miedo? ¿Qué es más valioso para mí en todo este asunto? ¿Le estoy dando demasiada importancia a algo que no la tiene? ¿Estoy viendo como peligroso algo que realmente no lo es?
- Actuar. Hay ocasiones en las que sentimos miedo porque la situación es realmente amenazante. Y en esas ocasiones es bueno para nosotros intentar protegernos. Pero también hay veces en las que lo sentimos de manera innecesaria. Y esto sucede como interpretamos algo como amenazante cuando no lo es. En estas ocasiones, podemos intentar hacer las cosas a pesar de él, demostrándonos así a nosotros mismos que no hay nada que temer.