Claves para fomentar una buena autoestima en los niños

La autoestima es clave para que las personas nos sintamos seguras de nosotros mismos en nuestro día a día. Aquí os damos seis claves para mejorar la autoestima en los niños.

Autoestima, autoconcepto y autoimagen

La autoestima es la capacidad para experimentar nuestra propia existencia siendo conscientes de nuestro potencial y necesidades.

El autoconcepto es la opinión que tenemos de nosotros mismos.

La autoimagen es la imagen o representación mental que tenemos de nosotros mismos.

Estos tres conceptos acerca de nosotros mismos, se van desarrollando a lo largo de la vida. Sus bases se instauran en la etapa infantil.

¿Qué pueden hacer los adultos que rodean al niño?

Los adultos que comparten el día a día con el niño, como padres, tíos, abuelos, profesores, cuidadores, etc. tienen un papel clave en el desarrollo del concepto de sí mismo que va a ir adquiriendo el menor.

En concreto los padres son el mejor ejemplo y los referentes en los que el niño se fija a diario. Por ello, son los principales transmisores de valores y educación.

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¿De qué manera podemos ayudarles a que tengan una buena autoestima?

Dedicándoles tiempo

No es necesario que sea mucho, pero sí que el que se dedique sea centrándose en ellos plenamente, con los cinco sentidos, escuchándolos, atendiendo sus necesidades e inquietudes. Para ello, es importante dejar el móvil y no estar con el niño hablando a la vez que se están respondiendo whatsapp. Dependiendo de la edad dedicaremos tiempo con él jugando en la alfombra, leyendo un cuento por la noche antes de acostarse, o bien conversando en el sofá o dando un paseo. Está bien que sea el niño quien proponga qué se va a hacer en ese rato único y especial.

Fomentando su autonomía, dándoles responsabilidades progresivas:

En función de la edad del niño, ir aumentando el nivel de responsabilidad y exigencia. De esa manera también le mostramos nuestra confianza en que va a ser capaz de hacerlo. Siempre les podemos decir que en caso de dudas, estaremos aquí para ayudarles.

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Premiando y valorando el esfuerzo, y no tanto los resultados

Lo importante es que el niño se haya esforzado, ya que eso es lo que inculca la constancia, la adquisición de un buen hábito de estudio, la tolerancia a la frustración, etc. Si en alguna ocasión no han salido las cosas como ellos esperaban, podemos ponerles ejemplos nuestros de cuando teníamos su edad, ese examen en el que nos esforzamos mucho pero no sacamos la nota que esperábamos.

Poniéndoles límites claros y firmes

Durante la infancia no hay que negociar con ellos, eso empezaremos a hacerlo en la adolescencia. En la infancia el adulto pone las normas o reglas y simplemente informa al niño de ellas. Lo importante es ser consistente con lo que se ha dicho y cumplirlo.

No comparando al niño con sus hermanos o con otros niños (primos o amigos), ni con nosotros cuando teníamos su edad

Reforzar los aspectos positivos del niño, sabiendo que cada persona es única. Hablar de lo que cada uno aporta en esta familia y a cada uno de los miembros por separado. Por ejemplo, la hermana mayor puede cuidar de la pequeña cuando esta tiene miedo, y la pequeña es la que hace que la mayor se divierta cuando juegan a inventarse historias sin sentido.

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Validando sus emociones

Esto quiere decir que tengamos en cuenta cómo se siente en cada momento, que le demos valor a esos sentimientos. Si son pequeños, nosotros mismos podremos ponerle nombre a cómo creemos que se está sintiendo. Por ejemplo, “me parece que estás enfadado porque no hemos ido al parque”. Dale a ellos la importancia que tienen y no le digas: “¡venga, no te enfades que esto no es para enfadarse!”.

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