Cómo comunicar malas noticias
Ancestralmente, las personas hemos rehuido ser portadores de malas noticias, por el efecto que esta comunicación crea hacia nuestra persona. Por esta razón, el comunicador de las malas noticias puede experimentar signos de ansiedad, activación fisiológica (incremento de la tensión arterial, aumento en las pulsaciones, etc) y, sobre todo, muchas, muchas dudas acerca de cómo paliar la situación en la medida de lo posible.
¿Cómo podemos aprender a comunicar malas noticias?
En las próximas publicaciones explicaremos un sencillo protocolo que podemos seguir para comunicar malas noticias. Este protocolo se conoce como EPICEE. Sus siglas corresponden a los siguientes conceptos: E (Entorno), P (Percepción de la persona), I (Invitación), C (Conocimiento), E (Empatía) y E (Estrategia). Esta semana empezamos explicando a qué nos referimos cuando hablamos de entorno y percepción:
- Entorno: La comunicación de malas noticias debe realizarse en un lugar privado, tranquilo, y, en función de la situación, con la compañía de familiares cercanos o personas allegadas a quien va a recibir la mala noticia. Debemos emplear un tono de voz adecuado, evitar comentarios humorísticos o sarcásticos y cualquier juicio sobre el hecho que tenemos que comunicar. Es preferible que tanto el comunicador de malas noticias como la persona receptora se encuentren a la misma altura, ambos de pie o ambos sentados. Se puede invitar a la persona a sentarse en un lugar cómodo, con el fin de evitar golpes fuertes si el impacto de la noticia provoca un mareo o un desmayo, aunque si la persona se niega a sentarse debemos respetar esto.
- Percepción: Se refiere a la posibilidad de averiguar hasta dónde sabe la otra persona sobre lo que se va a comunicar (“¿Recuerdas para qué solicitamos este análisis de sangre?”), de esta forma evitamos repetir información que la persona ya tiene o incluso corregir detalles que no se hayan comprendido de forma adecuada previamente.
En la próxima publicación continuaremos explicando cómo funciona este sencillo protocolo, cuya amplia aplicabilidad puede resultar de gran utilidad tanto para profesionales como para cualquier persona que se vea en la dura situación de dar una mala noticia.