Ana Oñate, Psicóloga Clínica especialista en el tratamiento psicológico de pacientes adultos, nos explica en qué consiste la autoinvalidación, qué consecuencias tiene, por qué se produce y qué pasa cuando comprendemos este mecanismo.
¿Qué es la autoinvalidación?
El otro día un paciente me quería contar un problema, pero empezó diciendo: “ es una tontería”, le quitaba importancia al hecho de haberse sentido despreciada en una discusión “aparentemente tonta” con su marido, cuando es algo que además le ocurre a menudo; sentía que estaba exagerando al sentirse así .
Otro, me dijo que ya debería haber dejado de estar triste por la muerte de su abuelo, porque había pasado mucho tiempo.
Este tipo de afirmaciones son muy frecuentes y van acompañadas de sentimientos de rabia, vergüenza o culpa hacia uno mismo, porque supuestamente no se deberían sentir lo que se siente.
Estas emociones las llamamos secundarias porque son reacciones a nuestras emociones primarias, cuando éstas son juzgadas negativamente.
Este es el mecanismo de autoinvalidación , que lleva a bloquear y no reconocer las emociones genuinas.
La persona entra en una espiral autodestructiva porque siente en esos momentos una lucha interior, entre la emoción primaria que ha surgido de forma espontánea, y la emoción secundaria que aparece cuando juzga la primera negativamente e intenta reprimirla.
Por ejemplo, rabia por estar tristes, vergüenza por sentir tristeza o culpa por sentir rabia etc.., hay muchas combinaciones.
¿Qué consecuencias tiene la autoinvalidación?
La consecuencia es que la autoestima se resiente y se consume toda la energía en la lucha, experimentando bloqueos a la hora de poder disfrutar o cumplir metas y generando síntomas.
También son frecuentes las emociones secundarias ante los síntomas, por ejemplo, se suele sentir vergüenza ante las obsesiones que de por sí son irracionales y absurdas pero la persona las toma como intencionales y un reflejo de su ser más íntimo, o rabia ante la ansiedad: “ no entiendo que tenga que tener miedo a salir a la calle, soy una cobarde” o “soy mala persona por pensar obsesivamente que me puedo contagiar de los demás” . La angustia suscitada en estos casos es enorme y complica la situación.
¿Por qué nos autoinvalidamos?
Muchas veces esta invalidación puede ser reflejo de mensajes invalidantes en nuestra infancia y adolescencia. A veces los padres, sin darse cuenta, desconfirman las sensaciones o emociones del niño: “cómo vas a tener sed si ya has bebido suficiente”, “qué tontería , cómo te va a poner triste esa chorrada\» o \»eso no es para enfadarse”.
Estas frases las hemos dicho todos alguna vez pero cuando se usan de forma reiterada para referirse a las experiencias del niño, éste aprende que no puede fiarse de sus emociones porque no son adecuadas o incluso, que las tienen porque son desconsiderados, inútiles, tontos, etc., influyendo también negativamente en el desarrollo de su autoestima.
Cuando somos mayores, nos repetimos el mensaje y nos forzamos por ser o sentir de una determinada manera que consideramos la “más normal o adecuada” en base a nuestro contexto familiar y social.
Cuando comprendemos este mecanismo, ¿qué pasa?
Qué alivio sienten los pacientes cuando entienden el por qué de sus emociones y de los síntomas, porque al final es como las piezas de un puzzle, que cuando encajan, la persona se comprende a sí misma y todo cobra sentido, pero para eso es necesario dejar de pelearse consigo mismo y escucharse sin crítica. Y aceptar que si se siente de esa forma es por algo.
Nuestras emociones primarias nos dan información veraz y nos hablan de cómo somos, de nuestros deseos, motivaciones y necesidades y también de nuestras carencias y déficits, y necesitamos escucharlas para poder tomar el control de nuestra vida, usando nuestras fortalezas, que quizás antes no veíamos, y aceptando nuestras debilidades para poder dirigirnos hacia metas y valores que nos satisfagan.
Las técnicas de mindfulnes por ejemplo, implican una actitud de observarse sin juzgar y con curiosidad, que nos puede ayudar en este proceso.