“-Señor, como maestros de su hijo nos gustaría hablarle del mal comportamiento que muestra en clase, especialmente al relacionarse con otros compañeros. Se han constatado agresiones físicas hacia otros alumnos por parte de su hijo y …”
-¿Mal comportamiento? Mi hijo no se porta mal, simplemente es travieso, son cosas de niños.”
¿Sabes detectar el doble estándar?
En este diálogo, en el que los maestros intentan comunicar los problemas de comportamiento de un alumno a su progenitor, mostramos un ejemplo de doble estándar o dos reglas. Es común que, cuando algo nos provoca una distorsión cognitiva, rechazo o miedo, empleemos una regla diferente en los demás y en nosotros mismos, o nuestros seres queridos. Incluso aunque tratemos situaciones evidentes o aparentemente objetivas, utilizamos el doble estándar como una forma de destacar nuestra idiosincrasia o justificar nuestros actos o los de otras personas.
Esta regla también se observa en algunas personas que padecen algún tipo de trastorno psicológico, como trastornos de ansiedad, trastorno de pánico con o sin agorafobia, entre otros, a menudo como estrategia mantenedora del problema, sin que las personas sean realmente conscientes de ello.
Siguiendo el ejemplo con el que comenzábamos este artículo, este padre aplica el doble estándar al darle otra connotación al comportamiento de su hijo, definiéndolo como “travieso” o justificando que “son cosas de niños”, ante lo que los maestros califican como agresiones físicas. Utilizando el doble estándar, resta importancia al comportamiento de su hijo y, probablemente, favorece su propio autoengaño.
¿Reconoces situaciones en las que emplees o hayas empleado el doble estándar?