Obediencia ciega: Los datos que arrojó el experimento de Milgram

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Posiblemente en algún momento hayas reflexionado acerca de los eventos de la Segunda Guerra Mundial (la barbarie nazi) y hayas llegado a la conclusión de que tú habrías sido incapaz de cometer semejantes atrocidades. Durante muchos años, se ha especulado acerca de la posibilidad de condenar por crímenes contra la humanidad no solo a los mandatarios de la época, sino a los ejecutores (soldados y otros cargos militares).

De estos últimos, algunos declararon no haber tenido opción a desobedecer las órdenes que recibían, por lo que se consideraban impunes. El grado de responsabilidad que se les atribuía generó debates en casi todo el mundo.

El experimento de Milgram

En los años 60, el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo uno de sus experimentos más famosos. Milgram convocó a 40 sujetos a los que se les pagó una cantidad irrisoria de dinero por participar en el experimento, además de dietas. Milgram les explicó a los sujetos experimentales que participarían en un experimento sobre la memoria y el aprendizaje. Se les proporcionó un aparato que, supuestamente, emitía descargas eléctricas de entre 75 y 450 voltios.

Durante el experimento, el sujeto, acompañado de un investigador con bata blanca, haría preguntas a otra persona. Esta se encontraba fuera de su vista pero que estaría conectada a esta máquina y recibiría descargas eléctricas conforme fuera fallando las preguntas que el sujeto debía hacerle. Con cada fallo, la descarga eléctrica se incrementaría 15 voltios. En el aparato que se les facilitó a los participantes, se les indicaba que los niveles de entre 375 y 450 voltios. Estaban categorizados como “Descarga grave: Peligro”.

Lo que los participantes no sabían es que en ningún momento la otra persona estaría conectada a una máquina de descargas. Por el contrario, se trataba de actores que en determinados momentos gritarían pidiendo ayuda, queriendo abandonar el experimento y manifestando tener problemas graves de corazón. A pesar de que la mayoría de los sujetos manifestaron ansiedad y tensión al continuar con el experimento. Todos alcanzaron los 300 voltios y 26 de los 40 llegaron hasta el máximo (450 voltios), a pesar de los gritos y las peticiones de ayuda del actor que se encontraba en otra habitación.

El investigador que acompañaba a los participantes les dijo que él sería el responsable de que a la otra persona le sucediera algo, lo que proporcionaba alivio a los sujetos. Además, cuando estos mostraban dudas o declaraban no querer seguir con el experimento, el investigador les respondía “No tiene otra opción, debe continuar”, “Por favor, continúe”, “Es completamente imprescindible que siga”.

Conclusiones del experimento

Hoy en día, el experimento de Milgram es considerado por muchos como inmoral, debido al alto índice de tensión y ansiedad que sufrieron los participantes. La hipótesis inicial de Milgram era que, como mucho, entre el 1 y el 3% de los participantes continuaría con las descargas eléctricas y que estos mostrarían perfiles psicopáticos o antisociales. Los resultados finales sorprendieron a todo el mundo. El 65% de los participantes llegó hasta el final del experimento, a pesar de suponer un claro peligro para la otra persona.

Algunas de las conclusiones que Milgram obtuvo de este experimento es que no necesariamente los ejecutores tenían por qué tener un perfil de personalidad cruel. Aunque sí influía el grado académico en la obediencia final, siendo menos obedientes aquellas personas con mayor formación. Además, la obediencia a la autoridad provoca una abdicación en la responsabilidad que se atribuye el sujeto, a pesar de acometer las acciones en primera persona.

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